Home > En Portada > El payaso pensionado

Arrugada la piel y resecos los labios, el enjuto hombre se acercó al funcionario. Era su única oportunidad de conseguir una pensión para los últimos años de vida.
Se paró enfrente de él y le dijo:
-Soy artista, necesito una pensión
-Muy bien, ¿qué usted hace?
-Soy payaso
-En qué lugar ha trabajado
-En el parque, en las escuelas, en la calle, en las casas donde había un niño triste que cumplía años.
-Quién le contrató para esos trabajos, qué institución
-Nadie, señor
-Cómo puedo darle una pensión, si no hay ningún papel que certifique lo que ha hecho durante los últimos 40 años.
El payaso, bajó la cabeza… Esta vez, no tenía respuesta…
El funcionario apenado, le pidió que pusiera a la gente que lo conocía y que reconocía sus años de labor, que le firmara un documento…
Sólo pasó una semana, para que el payaso viajara hasta la capital, a la oficina del funcionario, a entregarle tantas hojas firmadas y dibujadas con caritas sonrientes y testimonios de amor, que ya él no tuvo ninguna duda, de que este payaso callejero merecía su pensión del Estado.
El viejito venía de un pueblo, donde miles de personas que fueron niños alguna vez, aseguraban que este viejo payasín, les había hecho su infancia más feliz, demostrando que si eres capaz de dar lo mejor de ti a los demás, por mucho tiempo y de manera desinteresada, la recompensa llegará.
Y, le dieron su pensión.
#Cuentoconfinalfeliz

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