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Un día, mi hijo Ian me dijo: “mami, cuando escribo, me voy construyendo, me voy inventado, estoy siendo”. A modo de relajo siempre le digo a mis amigos que me pasé de libros con él, que hoy es poeta, y muy bueno.

El caso es que nos hemos construido como madre e hijo a través de un racionamiento infatigable, nuestras conversaciones siempre han sido de algún modo, científicas, en base a ideas del pensamiento. La filosofía es su vida y ha jugado un papel importante en la mía.

Recuerdo que cuando Ian iba a cerrar sus clases de Hight School en New Jersey, me envió su pequeña tesis, escrita sobre la psicomagia de Alejandro Jodorowsky. En estos días hemos hablado de cosas más humanas, más dolorosas y ambos hemos coincidido en la necesidad de seguir escribiendo para reinventarnos y para sanarnos.

En una coqueta tienda de segunda mano en Queens, encontré una libretita para escribir una frase al día, se la dejé a él, por supuesto. Pero hoy amanecí con ganas de escribir y se me ocurrió la frase: “Cuenta tu vida por el bien que hiciste, no por el mal que recibiste”.

Rima, sí, casualidad de la vida.

Salut es salud

#ianandme

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